Cuando era pequeña todas las tardes de abril me sentaba a mirar el cielo y la forma de las nubes; casi siempre tenían formas de objetos que se relacionaban con mi vida actual, un lápiz mordido, una bicicleta sin llantas, una muñeca sin cabello y un sin fin de objetos que al mirarlos me hacían sonreír; pasaron varias primaveras en las que seguía viendo objetos chistosos hasta que una tarde, las nubes...solo eran nubes, simples, blancas, que se diluían y viajaban con el viento y yo seguía ahí... cerrando los ojos para que al abrirlos todo fuera como antes y pasaron muchas horas y las nubes pasaban indiferentes como si estuvieran enojadas conmigo.
Esa gran pérdida fue terrible, pase muchos días sin poder dormir; no podía encontrar la causa que desató su enojo; así que una mañana al levantarme escribí una nota; una nota clara, sin rodeos que decía:
"¿Por que están enojadas?
Si hice algo que las molestara les pido una
disculpa,
¡Pero si no!, les exijo una explicación"
Esa tarde fui a sentarme al lugar de siempre, las mire
Y no encontré nada, pasaban y se diluían y yo muy decepcionada me acosté a llorar; llore mucho... hasta que en un silencio escuche lo que el viento me decía:
Las lágrimas se fueron con el viento y desde esa tarde hasta hoy, las nubes y yo reímos a carcajadas.
"Ya no quiero que me mires... ahora quiero que me escuches"
2 comentarios:
Es muy poético.
Al margen, las nubes y la imaginación hacen buenas migas, debido a la proyección psicológica.
Hay un libro de una vidente Norteamericana titulado LAS COSAS ME HABLAN donde cuenta algo parecido a lo que refiere.
Me encanto nena... me gusta la metáfora con la que ves la vida
besos
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